Es el acto mediante el cual imita o expresa el hombre lo material o lo invisible, valiéndose de la materia, de la imagen o del sonido, y crea copiando o imaginando. Esa es la definición que brinda el diccionario de arte. Esta manifestación del alma del ser humano no sólo puede provocar placer estético en quien la genera y en el que la recibe, sino que también puede convertirse en una herramienta importante para promover un cambio social.
En el Barrio Juan Pablo II, más conocido como El Sifón, se inauguraron murales a lo largo del pasaje ubicado en San Miguel 1.850, frente a la entrada del hospital Obarrio, con la idea que se convierta en un paseo cultural. La iniciativa fue llevada adelante por el plástico Pablo Guiot, que orientó a niños y adultos en las pinturas que embellecieron súbitamente esa vecindad, a menudo castigada por la droga y la delincuencia. Las temáticas abordadas están divididas en sectores. Por ejemplo, en el del trabajo, se ve un panadero, una cocinera, un albañil, un carrero y otros oficios. En el que está referido a las adicciones, se observa una caja de colonia marca "Paco" en la que se ve la imagen de un joven consumido por la droga. A su lado, otro dibujo muestra la sonrisa y el color de un chico que no consume drogas. El artista plástico que contó con el apoyo de la cooperativa Los Lapachos, que funciona en el mismo barrio y es presidida por doña Irma Monroy; el Ente de Cultura, la DAU y Desarrollo Social, entre otras reparticiones estatales, dijo que al comienzo la idea de ellos era pintar el escudo de su equipo de fútbol o símbolos tumberos en contra de la Policía. "Hasta que estuvieron de acuerdo con que no tenía que haber nada que dividiera ni los enfrentara, sino que los uniera", explicó. Una madre de 21 años que quiere escapar de las drogas y de la delincuencia, dijo que "esto está cambiando muchísimo, a los chicos les gusta lo del mural. Están contentos, espero que sigan así y que no hagan daño. Cuando estaban pintándolo todos se prendían, molestaban, se pintaban entre ellos, se reían. Yo también me enganché".
El arte colectivo ha comenzado a generar un cambio en ese barrio marginal o, por lo menos, un aire diferente. Algo similar sucede con la música. A través del programa de Coros y Orquestas del Bicentenario que depende de la Nación y la Provincia -la mayoría de sus profesores están sin cobrar desde marzo- se trabaja con chicos en zonas desfavorecidas con la idea de incluirlos socialmente y brindarles la posibilidad de que su vida cambie.
Pero no sólo en sectores de la población en riesgo podrían desarrollarse estas prácticas artísticas. También se podría incentivar a los niños a que pintaran en las paredes de su colegio escenas de la historia (argentina y tucumana), previo estudio y debate en el aula. Como señalamos en otras ocasiones, se podría contar con el asesoramiento de artistas plásticos o el Ministerio de Educación podría firmar un convenio con la Facultad de Artes de la UNT para tal fin. Otro tanto podrían hacer los municipios para embellecer paredones o sectores de las ciudades que ofrecen un aspecto penoso por la suciedad. En cada barrio, podrían promoverse desde concursos de pintura pavimental, como solía impulsar el destacado pintor Fued Amin, hasta la realización de murales. La experiencia de El Sifón debería ampliarse a través de un programa. El arte colectivo enseña a trabajar en equipo y a ser solidario, para llegar a buen puerto es necesario el esfuerzo de todos.